Conversatorio
Revista SABC
¿Cómo afectan y transforman los activismos LGTBIQ+ los territorios rurales? ¿Cuál es la vinculación de estas acciones con el rescate de la cultura tradicional, con la defensa del territorio y con construir un mundo rural vivo? Reunimos a tres personas comprometidas con la reivindicación de estas disidencias para conocer sus experiencias y reflexiones.
Sopi Castillo
Vivo en Burgos, aunque tengo un deseo muy grande de mudarme y habitar lo rural. Llevo tres años militando en la asociación Espacio Seguro LGTBIQA+, que organiza la celebración del Orgullo en la ciudad y muchas más actividades durante todo el año para transformar Burgos en un sitio más habitable. Mi experiencia no es tanto desde lo rural, sino un deseo de acercarme a ello, como proyección de futuro. Podéis usar cualquier pronombre conmigo.
Paulino Ramos
Nací en un pueblo de la Sierra de Huelva, un lugar conservador, de familia jornalera y porquera. Soy un marica de pueblo que ha migrado a las ciudades para poder ser cuir, pero al darme cuenta de que las ciudades tampoco son para mí, he tenido que regresar e irme y regresar e irme y regresar. He militado en colectivos agroecológicos y cuir. Actualmente, termino una tesis doctoral en antropología sobre diversidad sexogenérica en la ruralidad andaluza en mis ratos libres.
Raquel Luján
Trabajo como investigadora en agroecología y vivo en Chelva. Formo parte de La Gavella, una colectiva cultural autogestionada. Actualmente somos 14 personas; la mayoría vivimos en la Serranía de Valencia y a todas nos atraviesa la diversidad de género sexual y relacional. Además, compartimos un histórico de trabajo en torno a la defensa del territorio, la soberanía alimentaria, los feminismos… Nos tomamos en serio la propuesta del festival Agrocuir de Ulloa de replicar «Un agrocuir en cada aldea» y empezamos el Festival SerranaCuir en Chelva, que cumple en junio tres ediciones.
Las actividades y festivales cuir se organizan con un objetivo político, ¿de qué manera impactan en los territorios rurales? ¿Qué cambios observáis?
Raquel: Uno de los principales objetivos del SerranaCuir es la defensa del territorio, que no se entienda el espacio rural como un escenario y se use para la mera expropiación de recursos, sino como un lugar en el que viven personas, en el que pasan cosas. Queremos celebrar lo cuir a partir del rescate y la puesta en valor de la memoria del lugar, de sus tradiciones y su cultura. El SerranaCuir intenta rescatar y resignificar, por ejemplo, en cuanto a roles de género, el folclore, las muixerangas, los cantos y danzas típicas, como las jotas o seguidillas, etc. Otro objetivo relacionado es generar comunidad. Hemos hecho muchos contactos con otros colectivos y comercios de Chelva, desde las tejedoras de ganchillo hasta las panaderías y bares. Esto ha hecho que se amplifique su impacto. Desde el principio había curiosidad, aunque también algún comentario desafortunado. Pero, en general, la gente está contenta de que se amplíe la oferta cultural en Chelva y que se ofrezcan actividades para peques y mayores, conciertos, teatro, danza, canto, todo gratuito, intergeneracional y abierto. La gente ha visto que lo cuir no es antagónico a sus realidades y se caen mitos como que lo cuir es «obsceno», o la otredad. Por ejemplo, las tejedoras del pueblo colaboran con el festival desde el primer año, cosen las banderitas que engalanan el pueblo, hacen los regalos para las voluntarias y su taller de crochet en el festival es todo un éxito.
Queremos celebrar lo cuir a partir del rescate y la puesta en valor de la memoria del lugar.
Todos los años hacemos la presentación del festival en Chelva, pero este año además hemos hecho un «SerranaCuir on Tour» por los pueblos de la Serranía, con una presentación del festival, una pinchada y un bingo musical cuir. En estos años hemos organizado actividades para visibilizarlo y también el encuentro de proyectos LGTBI del País Valencià y territorios cercanos como Aragón o Murcia. Sentimos que el festival ha tenido superbuena acogida. Nos llegan muchos comentarios de gratitud por traer «esta magia» al pueblo.
Paulino: Ir agarrado de la mano de un novio, en muchos pueblos, es ya un impacto. Muchas veces, nuestro activismo en determinados lugares es simplemente existir. Yo percibo diferencias abismales según el territorio. Andalucía es un mundo, Galicia es otra realidad. Intuyo que los activismos que van surgiendo tienen que ver con una retirada de las ciudades o de conquista de otros espacios, de esa búsqueda en la que estamos la gente cuir. Lo veo, por ejemplo, en la gente que hace el Orgullo Serrano en la Sierra de Cádiz. Casi todas han vivido en Madrid o en Sevilla y han regresado, porque para pagar no sé cuántos miles de euros por un piso y malvivir, prefieren estar en su pueblo. Es también una búsqueda de comunidad, de vida significada. Eso me parece interesante y positivo. Algo negativo que observo es que, sobre todo, hombres rurales gais se están convirtiendo en ultraconservadores: señores en pareja, posiblemente con hijos adoptados o vientres de alquiler, que votan a Vox. Esto también está sucediendo.
Muchas veces, nuestro activismo en determinados lugares es simplemente existir.
Sopi: La primera vez que estuve en un Orgullo en Burgos fue hace 10 o 12 años y apenas éramos 50 personas. La sensación era de sentirse muy solas. Por eso, sinceramente, me emociona ver cómo ha ido avanzando todo. Cada vez hay más diversidad; cuando llega el Día del Orgullo, ya no solo celebramos ese día, sino que desde mitad de mayo hasta final de junio hay actividades en las que participa un montón de gente de Burgos y de todos los pueblos. Creo que cada vez más personas se identifican sin miedo con el colectivo y con el trabajo que estamos haciendo. Como decía Raquel, estamos contactando con otras asociaciones y creando red. Siempre que pedimos cualquier tipo de ayuda o colaboración, estamos ahí, porque nos conocemos, nos vemos por la calle, sabemos el contexto de cada una. Por ejemplo, en Burgos hay algunos bares que son afines y siempre podemos disponer de su espacio.
Hay mucho valor en esta comunidad y va más allá de lo cuir y de las luchas de cada una; tiene que ver con la manera en la que estamos habitando.
Escucharos me hace apreciar y agradecer todo lo que se está generando en esta ciudad, que espero que se pueda trasladar a cada uno de los pueblos de Castilla y León. Hay mucho valor en esta comunidad y va más allá de lo cuir y de las luchas de cada una; tiene que ver con la manera en la que estamos habitando y eso es en realidad lo más valioso que tenemos.
Estas transformaciones que mencionáis tienen mucho que ver con valorar y defender lo rural, ¿veis relación también con la soberanía alimentaria? ¿Puede este cambio de imaginario sobre lo rural que provoca lo cuir influir en la recampesinización que necesitamos?
Sopi: Como persona que quiere habitar el rural, siento que es muy valioso que existan referentes cuir y hacer que este tipo de vidas no sean solo factibles, sino deseables. Sobre el cambio de imaginario, me parece importante resaltar que hay muchísimos grupos de música ahora mismo en Castilla y León que están recuperando los instrumentos tradicionales y que forman parte del colectivo cuir. Todo se está interseccionando de una manera supervaliosa. En Espacio Seguro tenemos un evento que llamamos Folklore Marika, en colaboración con el colectivo Castillian Horror Book, en el que han pasado cosas superchulas, como un taller en el que cada persona construía su propia drag folklórica mediante el maquillaje, la vestimenta y la caracterización. También se organizó un taller de reescritura de brindis castellanos. Los brindis son expresiones muy influenciadas por el machismo, el racismo y otras discriminaciones. Ese taller fue precioso porque les dimos la vuelta para volverlos más inclusivos y respetuosos con todas las realidades.
Raquel: Nuestros festivales no son un fin, como pueden ser los festivales comerciales. Son una herramienta. En el SerranaCuir también tenemos muy en cuenta la defensa de la soberanía alimentaria. La alimentación del festival viene de producción local, de compañeras que viven en el pueblo y pertenecen al SPG Ecollaures, o de compañeras que están rehabilitando una ecoaldea; los refrescos son de una marca aliada con Palestina, etc. Intentamos fortalecer a todas esas colectivas cuya existencia implica cuidar la agrobiodiversidad cultivada, las acequias, etc. Por eso es superinteresante que el festival muestre una imagen que, aunque sea a más largo plazo, cambie los imaginarios hacia ese mundo rural, que también es nuestro. A la gente le llama la atención que los espacios rurales sean también espacios diversos, culturalmente ricos, donde existe una comunidad que va más allá de un festival puntual. Todo esto sí que creo que puede llegar a ejercer un efecto llamada. Para quienes tienen interés en la producción agroecológica y no tienen tierra, hay oportunidades de recuperar tierras en abandono, por ejemplo de olivar, a cambio de dar un pequeño porcentaje de aceite a las personas propietarias. Vivir aquí te permite una economía más asequible y disfrutar de la naturaleza.
Paulino: Algo con lo que hay que tener cuidado es el «colonialismo cultural», con ir a los pueblos a «mejorarles la vida». Yo he notado esta actitud en la sierra donde vivo, en gente con la que nos hemos movido en temas de soberanía alimentaria, que volvemos al pueblo y chocamos frontalmente con la gente autóctona. La gente autóctona que quiere cazar existe y vive, y hay que ver de qué manera la tenemos en cuenta. Los pueblos no son territorios a conquistar por quienes pensamos desde la intelectualidad o el activismo.
Los pueblos no son territorios a conquistar por quienes pensamos desde la intelectualidad o el activismo.
¿Cómo generamos espacios que puedan mezclar lo cuir con la soberanía alimentaria? Lo estáis haciendo en algunos festivales, sí, pero dirigido al ocio y debe haber algo más. En el norte de Portugal hay cooperativas agrarias cuir. Es muy importante que la soberanía alimentaria se revise y se ponga las gafas arcoíris, porque, a pesar de los avances, los espacios de soberanía alimentaria y agroecología a veces no son espacios seguros para las mariquitas como yo, que acabamos uniéndonos a los colectivos de mujeres porque entre los hombres hay una masculinidad revestida de intelectualidad que no nos recibe. El movimiento agroecológico en Andalucía suele ser bastante «ecohetero»: papá, mamá, niños, perro y educación Montessori, y ahí los cuirs casi no tenemos cabida. Lo digo con sorna y con cariño, pero es verdad, suele haber estructuras de género muy convencionales.
Raquel: Completamente. Encontrar espacios colectivos ecoafines es difícil, pero que estos espacios además sean cuir es más difícil aún. Somos la minoría de la minoría, de la minoría.
Paulino: Respecto al tema del habitar en lo rural, salvo en pueblos hiperconservadores, en la mayoría somos como una bendición cuando llegamos. Hay teóricos que dicen que lo LGTBIQ+ se ha convertido en punta de lanza de la modernidad. A pesar de que vamos con miedo de si encajaremos o no, a la gente, salvo casos contados, le apetece que estemos allí. La gente cuir ahora nos estamos reivindicando como dinamizadoras culturales de los espacios, aunque siempre lo hemos sido, sobre todo en los pueblos. Y queda una lucha pendiente: reivindicar el papel histórico de las personas rurales en la ciudad. Te pones a rastrear los primeros bares de ambiente y los montaron un tipo o una tipa que llega del pueblo sin las ataduras de sus padres. Las primeras mujeres trans que salieron en televisión, si revisas sus biografías, todas nacieron en pueblitos. En muchos casos, fuimos las rurales las que dimos vida a las ciudades.
¿Qué haría falta para fortalecer los colectivos cuir y hacerlos crecer sin que pierdan esa conexión con la raíz, con el territorio, con todo ese sentido comunitario?
Paulino: Necesitamos espacios seguros. Esto puede darnos pie a movernos con más plenitud y desarrollar todo nuestro potencial dinamizador fuera de los entornos hostiles en los que hemos tenido que aprender a movernos.
Sopi: Obviamente, sería todo mucho más fácil si tuviésemos un trabajo digno, un salario suficiente y viviésemos en otro contexto social. Pero, partiendo de todas estas dificultades, lo que nos falta es seguir colectivizándonos y juntándonos, confiar en el proceso colectivo para hacer frente a las dificultades de esta época completamente radicalizada y polarizada que habitamos. Al final, quienes nos podemos rescatar somos nosotras mismas y nuestra comunidad, familia, amigas. El capitalismo solo nos ofrece precarización y agotamiento.
Raquel: Sí, para fortalecer los colectivos, lo importante es mantener unos cuidados. El festival ocupa un montón de tiempo: comunicación, contabilidad, merchandising, programa… El primer año nos pasó, literalmente, por encima. Crecer puede suponer diversificar y expandir, y también repartir más el trabajo, y esto está bien. Nosotras hemos pasado de 9 personas a 14, involucrando a gente de pueblos de la Serranía. Pero también hemos pasado de hacer las reuniones presenciales a hacer casi todas por internet, para que podamos estar todas. Entonces, hay que tener cuidado, no ser tan pequeño como para que te coma tu actividad, pero no ser demasiado grande para no descuidar cosas. Por eso, creo que fortalecerse no significa hacerse grande, sino aliarte. Por ejemplo, la Gavella trabajamos con Chelva per Palestina y hacemos colaboraciones que nos suman mucho a ambos colectivos.
Para fortalecer los colectivos, lo importante es mantener unos cuidados.
¿Y por qué es importante que las lectoras de la revista tengan presente la diversidad sexual y de género, que la conozcan, que la descubran?
Raquel: Primero, porque reivindicar lo cuir no te quita nada; al revés, te suma. Y segundo, porque hay muchos espacios que, si no los revisas, acaban reproduciendo patrones patriarcales y capitalistas que son horribles. En el festival hay un punto arcoíris de protección de agresiones LGTBIQ+fóbicas, tenemos un protocolo de prevención de agresiones que se leen todas las voluntarias y hacemos un taller interno. Hay una socialización de los cuidados y el respeto por el espacio. Yo he ido a muchos encuentros de agroecología y no hay nada de esto. Ahí hay mucho que reflexionar y mejorar. Lo agroecológico no te quita, per se, lo machista. Hay que currárselo.
No sé si habéis visto la declaración del último Foro Nyéléni, la declaración de Kandy. Es un manifiesto contra el imperialismo, el capitalismo y el patriarcado que te atraviesa seas cuir o no. Todo esto lo tenemos claro, ¿no? Pues que no se quede en la palabra, que no se quede en frases como «la agroecología será feminista o no será».
Sopi: A veces me da la sensación de que se percibe al colectivo como un ente aparte. Y, sin embargo, cuanto más avanza todo este tejido social del que hablamos, percibo que hay mucha gente que es el colectivo y quizás no lo sabe. Animo a las lectoras a que descubran lo que les puede aportar lo cuir para seguir creciendo, para expandir su mundo. Si la soberanía alimentaria va de recuperar el territorio y el propio poder y armonía con la tierra y los seres que nos rodean, la gente también tiene que tener esa autonomía de expresión y relación. Esto es lo que aporta el colectivo. No estamos en cajas, no todo es binario; es mucho más complejo y rico y libre. A mí me parece una combinación superpoderosa la que puede salir de estos dos ámbitos.
Para eso estamos aquí las cuir, para enseñar a romper etiquetas.
Paulino: Yo resalto la importancia histórica. Porque la gente cuir siempre ha estado ahí, incluso en el franquismo. Figuras habituales en las sierras andaluzas como estas mujeres de pantalón, botas de trabajo, camisa y pelo corto, las reconoce todo el mundo, en todas las épocas. O figuras como Rosario Miranda, en el norte de Tenerife, que nace como un niño en plena guerra y con el tiempo se va reivindicando señora, muy a pesar de su entorno. Señores que vivían apartados en el campo cuidando cabras, sin tener contacto con mujeres. Estas figuras ambiguas han tenido mucho que ver con la conservación del patrimonio y las culturas agrícolas, pero han sido siempre relegadas y excluidas. Es importante darles ese reconocimiento y escuchar la importancia disidente que han tenido, no solo en una cuestión de género, sino como formas de vida nada consumistas.
Otro motivo es lo que dice Brigitte Batiste, bióloga e investigadora trans colombiana: «No hay nada más cuir que la naturaleza», que cambia constantemente y rompe toda frontera, toda etiqueta. Esto es muy profundo. Todos los relatos que expliquen la relación con el territorio y la naturaleza tienen que tender a ser cuir y para eso estamos aquí las cuir, para enseñar a romper etiquetas.
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