Hamza Hamouchene

  Las imágenes de este artículo son de la región de Sidi Ayad, provincia de Midelt, del documental Oh Land! (2019), de ATTAC Marruecos.

El Sahara suele describirse como una gran tierra desierta, muy poco poblada, la tierra prometida de la energía renovable y una oportunidad única de abastecer de energía a Europa. Sin embargo, este discurso engañoso ignora las cuestiones relacionadas con la propiedad y la soberanía, y oculta las relaciones internacionales de dominación que facilitan el saqueo de recursos, la privatización de bienes comunes y el despojo de comunidades, consolidando así formas antidemocráticas y excluyentes de gestionar la transición.

 

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Imágenes de ATTAC Marruecos

 

El Proyecto Desertec, una iniciativa ambiciosa para abastecer de electricidad a Europa a partir de plantas de energía solar y parques eólicos a lo largo de la región de Oriente Medio y África del Norte, se fundó sobre la idea de que una pequeña superficie del Sahara puede suministrar alrededor del 20 % de la electricidad de Europa de aquí a 2050 a través de cables de transmisión de corriente continua de alto voltaje.

Después de varios años de entusiasmo inicial, Desertec finalmente se estancó en medio de críticas por sus costos astronómicos y sus connotaciones neocoloniales. Sin embargo, la idea parece haber adquirido nuevo impulso bajo el nombre Desertec 3.0, esta vez como una posible respuesta a las necesidades de hidrógeno renovable en Europa. A comienzos de 2020, la Iniciativa Industrial Desertec (DII) creó la Alianza de Hidrógeno de Oriente Medio y África del Norte, que reúne a actores del sector público y privado, así como también a científicos y académicos para crear economías verdes basadas en el hidrógeno.

Transiciones energéticas, despojo y expropiación

 
   En una región semiárida como Ouarzazate, destinar agua a fines distintos de beber o cultivar alimentos es simplemente atroz.   
 

Los ejemplos de África del Norte demuestran cómo se reproduce el colonialismo energético incluso en las transiciones hacia la energía renovable en la forma de colonialismo verde o acaparamiento verde. Y es que lo que realmente nos interesa no es cualquier tipo de transición, sino una «transición justa» que beneficie a la población más empobrecida y marginada, en lugar de agravar su exclusión socioeconómica.

El objetivo de Marruecos es aumentar el porcentaje de energía renovable de su combinación energética a un 52% de aquí a 2030. La planta de energía solar de Ouarzazate, por ejemplo, creada en 2016, no ha tratado con justicia a las comunidades pastorales amazigh, cuyas tierras fueron utilizadas sin su consentimiento para instalar una planta de 3 000 hectáreas. Además, la deuda de 9 000 millones de dólares con el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones, entre otros, tiene el respaldo de garantías del Gobierno marroquí, lo que significa que el país, que ya tiene gran carga de deuda, podría contraer aún más deuda pública. Por último, el proyecto utiliza energía térmica concentrada (CSP) que requiere un uso intensivo de agua para el enfriamiento y la limpieza de los paneles. En una región semiárida como Ouarzazate, destinar agua a fines distintos de beber o cultivar alimentos es simplemente atroz.

El proyecto Noor Midelt es la segunda fase del plan de energía solar de Marruecos. Con 800 MW de potencia previstos para su primera fase, será uno de los proyectos de energía solar más grandes del mundo que combine tecnologías de energía solar concentrada y fotovoltaica. En mayo de 2019, un consorcio integrado por EDF Renewables (Francia), Masdar (Emiratos Árabes Unidos) y Green of Africa (conglomerado de Marruecos) ganó una licitación para construir y operar la planta durante 25 años en asociación con la Agencia Marroquí de Energía Solar (MASEN). El proyecto ha contraído hasta ahora más de 2 000 millones de dólares de deuda con el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo, el Banco Europeo de Inversiones, la Agencia Francesa de Desarrollo y KfW.

La construcción del proyecto comenzó en 2019 y está previsto que comience sus operaciones en 2022. El complejo solar Noor Midelt se desarrollará en un terreno de 4 141 hectáreas en la meseta del Alto Muluya, en el centro de Marruecos. Aproximadamente 2 714 hectáreas están gestionadas como tierras comunales o colectivas por las tres comunidades agrarias étnicas de Ait Oufella, Ait Rahou Ouali y Ait Massoud Ouali, y las 1 427 restantes actualmente están declaradas como tierra forestal y gestionadas por las comunidades. La tierra ha sido confiscada mediantes leyes y reglamentos nacionales que permiten la expropiación para servir al interés público.

En un estudio realizado en 2018, el Banco Mundial etiqueta las tierras que han de expropiarse como marginales e infrautilizadas y afirma, además, que «la adquisición de tierras para el proyecto no tendrá ningún impacto en los medios de subsistencia de las comunidades locales». No obstante, la tribu pastoral trashumante Sidi Ayad, que ha utilizado la tierra para el pastoreo de animales durante siglos, no está de acuerdo. Hassan El Ghazi, un joven pastor, declaró en 2019 a un activista de ATTAC Marruecos:

«Nuestra profesión es el pastoreo y ahora este proyecto ha ocupado nuestra tierra, donde pastan nuestras ovejas. No nos emplean en el proyecto, sino que emplean a extranjeros. La tierra en la que vivimos ha sido ocupada. Destruyen las casas que construimos. Nos oprimen, la región Sidi Ayad está siendo oprimida. Los niños están siendo oprimidos y sus derechos y los derechos de nuestros ancestros se han perdido. Exigimos que las autoridades presten atención a nuestra situación y a nuestras regiones. No podemos existir con políticas de este tipo, preferimos morir».

 
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Imágenes de ATTAC Marruecos

 

En este contexto, la población de Sidi Ayad ha expresado su descontento desde 2017 a través de diversas protestas, que culminaron en 2019 con la detención de Said Oba Mimoun, miembro del Sindicato de Pequeños Agricultores y Silvicultores, que fue condenado a 12 meses en prisión.

Las mujeres del movimiento soulaliyate[1], que se creó a comienzos de la década del 2000, también han reclamado su derecho al acceso a la tierra en la región de Drâa-Tafilalet y han exigido una compensación adecuada por su tierra ancestral, en la cual se ha construido la planta de energía solar. A pesar de la intimidación, los arrestos y el asedio de las autoridades públicas, el movimiento ha adquirido dimensión nacional y mujeres de diferentes regiones se ha manifestado por la igualdad y la justicia.

El hidrógeno: la nueva frontera energética en África

 
   Las grandes “soluciones” de ingeniería como Desertec tienden a presentar el cambio climático como un problema compartido sin contexto político o socioeconómico.   
 

Volvamos a Desertec y el hidrógeno.

El hidrógeno limpio o verde hace referencia a la extracción de hidrógeno a partir de sustancias más complejas mediante procesos limpios (sin emisiones de carbono). La mayor parte de la producción actual de hidrógeno resulta de la extracción de combustibles fósiles, por lo que genera grandes emisiones de carbono (hidrógeno gris). A través de la tecnología de captura de carbono, por ejemplo, este proceso puede ser más limpio (hidrógeno azul). Sin embargo, la forma más limpia de extraer hidrógeno emplea electrolizadores para separar moléculas de agua, un proceso que puede activarse a través de electricidad generada a partir de fuentes de energía renovables (hidrógeno limpio o verde).

La Estrategia de hidrógeno de la Unión Europea (UE), publicada en julio de 2020 en el marco del Pacto Verde Europeo, es una hoja de ruta ambiciosa para pasar a utilizar hidrógeno verde o limpio de aquí a 2050. Propone que la UE pueda abastecerse de África, en particular de África del Norte.

 
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Imágenes de ATTAC Marruecos

 

La idea surgió de un documento publicado en marzo de 2020 por el órgano de comercio Hydrogen Europe, que creó la Iniciativa de hidrógeno verde 2 x 40 GW[2]. En virtud de este concepto, hacia 2030, la UE tendría una capacidad interna para producir electrolizadores de hidrógeno renovable e importaría 40 GW de capacidad adicional proveniente de electrolizadores en zonas próximas, entre ellas, los desiertos de África del Norte, mediante los gasoductos de gas natural que ya conectan Argelia y Libia con Europa.

Dentro del continente europeo, Alemania está a la vanguardia de las iniciativas de hidrógeno verde en África. Actualmente colabora con la República Democrática del Congo, Marruecos y Sudáfrica para desarrollar “combustible descarbonizado” generado a partir de energía renovable para exportar a Europa y está explorando otras posibles zonas de producción.

La propuesta de Desertec, que aboga por un sistema energético europeo basado en un 50% de electricidad renovable y un 50% de hidrógeno verde para 2050, se basa en la hipótesis de que «Europa no podrá producir toda su energía renovable dentro del continente». Esta propuesta intenta distanciarse de la inicial que se centraba en las exportaciones, al añadir la dimensión del desarrollo local de un sistema de energía limpia. Sin embargo, la agenda de exportaciones para satisfacer las necesidades de seguridad energética de Europa es clara: «…al margen de satisfacer la demanda interna, la mayoría de los países de África del Norte tienen un gran potencial de tierra y recursos para producir hidrógeno verde para su exportación».

Por si ese no fuera un argumento lo suficientemente convincente para las élites políticas y empresariales a ambos lados del Mediterráneo, Desertec se presenta como una solución a la transición energética en Europa y, a la vez, como una oportunidad para el desarrollo económico en África del Norte que limita la migración Sur-Norte: “Además, un enfoque conjunto de energía e hidrógeno renovables entre Europa y África del Norte generaría desarrollo económico, puestos de trabajo con proyección de futuro y estabilidad social en los países de África del Norte, y posiblemente disminuiría el número de migrantes económicos de la región a Europa”.

Como se trata de una solución técnica y apolítica temporal, promete superar estos inconvenientes manteniendo el statu quo y las contradicciones del sistema mundial que causaron estos problemas en un principio. Las grandes “soluciones” de ingeniería como Desertec tienden a presentar el cambio climático como un problema compartido sin contexto político o socioeconómico. Este punto de vista oculta las responsabilidades históricas de los países industrializados de Occidente, los problemas del modelo energético capitalista y las diversas vulnerabilidades entre países del Norte y el Sur. Mediante el uso de expresiones como “cooperación mutua”, “para el beneficio de ambas partes”, que presenta a la región euromediterránea como una comunidad unida (ahora todos somos amigos que combatimos un enemigo común), la propuesta oculta las estructuras de poder neocoloniales, explota a las poblaciones de África y saquea sus recursos.

Asimismo, al presionar a favor del uso de la infraestructura actual de gasoductos, la iniciativa propone un simple cambio de la fuente de energía, mientras que mantiene intactas la dinámica política autoritaria y las jerarquías del orden internacional. El hecho de que fomente el uso de gasoductos de Argelia y Libia (incluso a través de Túnez y Marruecos) plantea una serie de preguntas: ¿Qué ocurrirá cuando Europa deje de importar gas de esos países (el 13% del gas que se consume en Europa proviene de África del Norte)? En esta ecuación, ¿se tendrán en cuenta las aspiraciones de democracia y soberanía de los argelinos, expresadas claramente en el levantamiento de 2019-2021 contra la dictadura militar? ¿O se trata simplemente de otra situación de statu quo en la cual el hidrógeno simplemente reemplaza al gas? Quizá no hay nada nuevo bajo el sol.

Además, el manifiesto de Desertec señala que “en una fase inicial (entre 2030 y 2035), puede producirse un volumen considerable de hidrógeno a través de la conversión de gas natural a hidrógeno, mediante la cual se almacena dióxido de carbono (CO2) en yacimientos de gas o petróleo vacíos (hidrógeno azul)”. A ello se suma el uso de recursos hídricos que escasean en el Sur global y el traslado de los costos ambientales del Norte al Sur (la creación de zonas de sacrificio).

Por último, se requeriría una gran inversión inicial para instalar la infraestructura necesaria a fin de producir y transportar hidrógeno verde. Habida cuenta de las experiencias anteriores en este tipo de proyectos de coste tan elevado y tan intensivos en capital, la inversión acaba creando más deuda para el país receptor, y agudiza su dependencia del crédito multilateral y la ayuda exterior.

 
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Imágenes de ATTAC Marruecos

 

Reflexiones finales

Parecería que un aspecto común de todos los proyectos mencionados es la hipótesis errónea de que para alcanzar la energía renovable debe acogerse cualquier medida y que todo cambio que implique abandonar los combustibles fósiles, sin importar cómo, vale la pena. Hay que decirlo con claridad: la crisis climática que afrontamos no la provocan los combustibles fósiles en sí mismos, sino su uso insostenible y destructivo para alimentar la máquina capitalista.

La mayoría de los materiales escritos sobre sostenibilidad, transiciones energéticas y cuestiones ambientales en África del Norte están dominados por instituciones internacionales y grupos de estudios neoliberales, y no incluyen cuestiones de clase, raza, género, poder o historia colonial. En todos los casos, a las personas comunes y corrientes y de la clase pobre trabajadora se las excluye de las estrategias y se las tilda de ineficientes, retrógradas e insensatas. Las personas de África del Norte cuyas vidas se verán más afectadas por la crisis climática y ecológica (y las formas jerárquicas e injustas de abordarla) serán las que se dediquen a la agricultura, la pesca a pequeña escala, el pastoreo (en tierras que están siendo incautadas para construir plantas de energía solar y proyectos de energía eólica), quienes trabajen en las industrias extractivas y de combustibles fósiles, la mano de obra no regulada y las clases empobrecidas. Sin embargo, se las ignora y se les impide que configuren su propio futuro. Una transición verde justa debe descolonizar y transformar radicalmente nuestro sistema económico mundial, que no es apto a nivel social, ecológico ni biológico (como ha demostrado la pandemia de la COVID-19).


[1] Las soulaliyates son mujeres tribales de Marruecos que viven en tierras comunitarias.

[2] Uno de los autores del documento sobre la iniciativa de 2 x 40 GW de Hydrogen Europe también es coautor del «manifiesto» de Desertec sobre hidrógeno en África del Norte y Europa, publicado en noviembre de 2019.

Hamza Hamouchene

Investigador, activista radicado en Londres y coordinador del Programa del norte de África  del Transnational Institute (TNI)

 

Colonialismo verde y ocupación en el Sahara Occidental

La apropiación de tierras y recursos con fines supuestamente ambientales en los territorios ocupados del Sahara Occidental pueden etiquetarse de «colonialismo verde», dado que se llevan a cabo en tierras ocupadas a pesar de la oposición de los saharauis.

En la actualidad, hay tres parques eólicos en los territorios ocupados del Sahara Occidental y se está construyendo otro más en Cabo Bojador, mientras que varios están en la etapa de planificación. Estos parques eólicos son parte de la cartera de negocios de Nareva, la empresa de energía eólica que pertenece al holding de la familia real marroquí. El 95% de la energía que la empresa pública de Marruecos OCP necesita para explotar las reservas de fosfato no renovables del Sahara Occidental en Bou Craa se produce con molinos de viento de la empresa vasca Siemens Gamesa.

En noviembre de 2016, mientras se celebraba la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, COP22, la empresa saudí ACWA Power firmó un acuerdo con la Agencia Marroquí de Energía Solar (MASEN) para desarrollar y explotar un complejo de tres centrales eléctricas de energía solar fotovoltaica con un total de 170 MW. Con todo, dos de las centrales (operativas en la actualidad), de un total de 100 MW, no están en Marruecos, sino en territorios ocupados (El Aaiún y Cabo Bojador). Se han trazado planes para construir una tercera planta de energía solar en El Aargub, cerca de Dajla.

Está claro que estos proyectos de energía renovable se están utilizando para consolidar la ocupación mediante la profundización de los vínculos de Marruecos en los territorios ocupados, con la complicidad de capital y empresas extranjeros (también españolas).

 

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