Preguntamos a seis campesinas sus sensaciones sobre la palabra feminismo

Revista SABC

Inmaculada Idañez COAG CERES 2

María Inmaculada Idáñez. Foto: CERES

Emma Rojas SABC

Emma Rojas. Foto: Charlie Descombes

 

María Inmaculada Idáñez Vargas, Almería.
Agricultora y responsable del área de mujeres de COAG y presidenta de la Confederación CERES

Vengo de familia campesina. Soy la mayor de cuatro hermanos varones, con lo cual desde pequeña era los pies y las manos de mi madre ayudando en el campo y en la casa. Soy madre de dos hijas y abuela. La palabra feminismo… ¡dice tanto! La oigo y pienso enseguida que no es lo contrario de machismo, sino la igualdad. Yo me considero feminista porque quiero la igualdad real. No tenemos que demostrar nada. Aunque no tengamos la misma fuerza física que los hombres, en el mundo agrario hay una serie de adelantos que nos facilitan el trabajo.

En CERES todas somos mujeres campesinas y la visión que llevamos allá donde vamos no es la misma que la de otra mujer que no está a pie de campo. Las mujeres rurales estamos haciendo una labor impresionante, acudiendo a mesas de trabajo autonómicas, con el gobierno central… tenemos un lugar que ocupar que nunca nos han dejado que ocupemos.

  Ahora ya no te tienes que esconder para decir que eres feminista; antes, si lo decías, parecía que ibas en contra de los hombres  
 

El 8 de marzo ha sido un antes y un después. En COAG no es nuevo el tema de la igualdad, pero ahora ya no te tienes que esconder para decir que eres feminista; antes, si lo decías, parecía que ibas en contra de los hombres. Ellos han visto que no es solo cosa de las mujeres de COAG, sino que la sociedad está cambiando. Lo ideal sería que cuando tengamos un congreso haya mujeres que se presenten, se elijan y accedan a puestos de decisión y visibilidad. ¿Por qué tiene que ser diferente? Se está pidiendo a gritos por todos lados porque es muy importante lo que podemos aportar, ideas totalmente diferentes con un abanico mucho más amplio de inclusión; nuestro punto de vista va más allá, por intuición, por mil razones. Una organización como COAG no puede quedarse atrás en ese aspecto. Yo soy positiva, creo que se valora el trabajo que se está haciendo, pero debe reflejarse en los órganos de gobierno.

Dorita Símil Carril, Concello de Muxía (Costa da Morte), Galicia.
Ganadera

Cuando oigo la palabra feminismo, pienso que se está luchando por los derechos de las mujeres porque hace mucha falta. Me identifico totalmente con esa lucha, aunque a lo mejor no lucho tanto como otras mujeres, pero me siento agradecida hacia las que trabajan tanto por ello.

Antes nos parecía normal limpiar la casa, era tarea de la mujer aunque el marido no estuviera haciendo nada. Nos educaban así y pensábamos que era normal. Poco a poco te das cuenta de muchas actitudes que estaban viciadas: los hijos son de los dos, pero cuando había reunión del colegio iba yo, por ejemplo.

En el sindicato se trabaja mucho este tema, por eso tenemos una consellería de la mujer que reúne a todas las mujeres una vez al año, por el 8 de marzo. Nos juntamos muchísimas y vienen personas que luchan por la igualdad a explicarnos cosas que a lo mejor no entendíamos. A mí me han abierto mucho los ojos; y como a mí, a muchísimas. Los derechos de las mujeres labregas no eran como los de los hombres, en la cotitularidad de la tierra misma se ve.

 

Manoli Figueroa Núñez. Villa Martín (Cádiz)
Cooperativa La Verde

  Para nada me siento discriminada, no he tenido esa mala suerte. Quizá si hubiera vivido otra situación pensaría diferente  
 

Yo me incluiría en el grupo de mujeres que no entienden muy bien qué es el feminismo, sinceramente. Se me viene a la cabeza mujeres reivindicando derechos, mujeres muy defensoras de las mujeres…, igual que el machismo, pero en mujeres. No me identifico con el feminismo, me identifico con la igualdad. Claro que no me gusta el machismo, pero tampoco considero que la mujer tenga que ser más especial en un trabajo que el hombre, tenemos que ser iguales, ni más ni menos. Somos personas y punto, tenemos que luchar por los mismos valores y derechos, eso por supuesto.

Yo ahora soy la única mujer activa en la cooperativa y nunca he sentido que tuviera un trato distinto por ser mujer, al revés, yo soy más mandona que ellos. Tengo dos hijos y mi marido es socio también de la cooperativa, vamos y volvemos juntos, entonces la casa es tarea de los dos, compartimos todo. Para nada me siento discriminada, no he tenido esa mala suerte. Quizá si hubiera vivido otra situación pensaría diferente.

Trabajo en una cooperativa ecológica y dentro de este mundo hay mujeres que defienden el feminismo. Hay derechos que las mujeres tenemos hoy gracias a esas mujeres feministas que empujan.

Emma Rojas, comarca del Bages (Barcelona)
Pastora y esquiladora

Hace muchos años, en primero de bachillerato, sufrí una agresión por parte de un amigo y mis compañeras no me acompañaron; me sentí muy sola. Para mí el feminismo significa vida. La palabra debe romper los esquemas y sobre todo acabar con ideas falsas como «si es igualdad, habría que decir igualdad» o «ni machismo ni feminismo, equidad». Para mí va mucho más allá de una carta de derechos para las mujeres, es una cuestión de vida o muerte poderse reivindicar como mujer y poner en el centro la vida, conciliar la vida familiar con el trabajo y con tus propias motivaciones.

En las mujeres rurales de mi alrededor hay rechazo a la palabra, no se acaban de sentir interpeladas. Muchas se sienten más cómodas en el Día de la mujer rural que reivindicándose como sujeto oprimido el 8 de marzo. Sin embargo, sí que critican cómo funciona el mundo; creo que hay que ir un poco más allá y pronto también ellas se acabarán apropiando del término. Muchas se dan cuenta de que los casos de violencia machista de los últimos años, el debate sobre el derecho al aborto, etc. no es que antes no pasaran, sino que no se explicaban igual y ahora se está tomando conciencia. De hecho, dentro del grupo de Ramaderes de Catalunya ha habido muchos avances. Cuando estábamos en el grupo de pastores y pastoras había cierta resistencia a hablar abiertamente de feminismo, pero desde que existe el grupo no mixto (hace un año y medio), se ha podido debatir sobre muchos temas, especialmente, porque han pasado cosas que han permitido este debate, como la huelga feminista del pasado 8 de marzo.

Faltan mujeres que tomen la iniciativa de vivir y trabajar en el mundo rural. Aquí durante el último medio siglo ha habido mucha competencia por quién tenía el tractor más grande y quién tenía más tierra, pero ahora que están reapareciendo los sistemas de solidaridad en los trabajos agrícolas, es un buen momento para que más mujeres se animen a vivir del campo.

 

María Ferreiro. Foto SLG

María Ferreiro. Foto: Sindicato Labrego Galego

Manoli Figueroa Núñez. Foto Cooperativa La Verde

Manoli Figueroa Núñez. Foto: Cooperativa La Verde

 

Ana Pintolete, Escacena del Campo (Huelva)
Temporera, de campaña en campaña

  La clave es una asociación de mujeres, donde nos sintamos protegidas; si hay hombres, no nos sentimos igual  
 

Cuando me hablas de feminismo me vienen a la cabeza mujeres del día a día, de a pie, de las que hacen cosas a pequeña escala, pero sin visibilidad. Gente anónima. No me ha quedado más remedio que identificarme con el feminismo. No te puedes estar quejando sin aportar tu grano de arena, aunque te cueste discusiones o el puesto de trabajo.

Hace poco participé en las jornadas feministas en Sanlúcar de Barrameda con el sindicato; fue una maravilla, pero los colectivos feministas muchas veces me cansan y me aburren. Me he relacionado con mucha gente de izquierdas y comunista que cree en la libertad, pero en la suya, y con el feminismo creo que pasa un poco igual: te tienes que regir por unos patrones. Pero me defino como feminista, claro que sí, y me siento cómoda con esa palabra. Hay gente que la rechaza porque tiene un concepto equivocado.

Recientemente, hemos decidido crear una organización de temporeras. La idea surgió cuando nos encontramos con unas compañeras marroquíes desamparadas, que además no nos entendían. Esta y otras situaciones injustas con las mujeres en el campo hacen que se encienda la chispa de la movilización. Y la clave es una asociación de mujeres, donde nos sintamos protegidas; si hay hombres, no nos sentimos igual. Ahora mismo, en el ambiente del campo, si las mujeres creyéramos firmemente en el feminismo y supiéramos llevarlo a cabo no pasarían ni la mitad de las cosas que están pasando. Incluso nosotras mismas estamos siempre discutiendo entre nosotras, si supiéramos la importancia que tiene ponernos de acuerdo, otro gallo cantaría.

Este último año trabajaba con una cuadrilla de marroquíes. En los invernaderos nos prohibían ir en tirantes y tuve problemas con el jefe porque yo no lo aceptaba, así que comuniqué mi intención de dejar el trabajo. Entonces 51 mujeres marroquíes se pusieron de mi lado y dijeron que si yo no trabajaba, ellas no trabajarían y hasta dijeron que irían también en tirantes, ellas que siempre van tapadas, así que la empresa me pidió que no me fuera. Ese día me llenó de coraje para seguir adelante.

María Ferreiro, Teixeiro (A Coruña)
Ganadera y dinamizadora rural

  Los movimientos feministas están más en las ciudades y esto también hace que se sienta una distancia  
 

Hace un tiempo que he empezado a reflexionar sobre algunas situaciones injustas que vivimos las mujeres. Soy de una comarca ganadera, en las reuniones de la cooperativa hay mayoría de hombres y, por ejemplo, si una mujer quiere intervenir y se atreve a hacerlo, debe pedir la palabra dos o tres veces porque no suelen escucharla a la primera. Cuando acaban las reuniones ellos se quedan allí hablando temas importantes, pero las mujeres tienen que irse porque tienen muchas cosas que hacer en la casa. Es en esos detalles del día a día cuando empiezas a pensar y te preguntas: ¿Esto me pasa a mí o a todas? ¿Por qué? ¿Qué es esto del feminismo? Es muy importante contar con espacios para hablar entre nosotras. Podemos tener todos los espacios mixtos necesarios, pero los espacios solo con mujeres para mí son centrales: lo que decimos, opinamos, cómo nos comportamos, el reparto del espacio…, todo es diferente.

Las asociaciones de mujeres rurales y amas de casa de la zona en ocasiones organizan alguna actividad que trata un poco el tema, pero en general hacen otro tipo de cosas para juntarse y charlar, que es muy positivo. En determinados contextos, si no hay un trabajo previo, la palabra feminismo produce rechazo. Encuentro cierta similitud con el término «violencia de género». Si se organiza un acto explícitamente sobre la violencia de género, hay poca participación; en cambio, si se anuncia de otra forma aunque en el fondo trate el mismo tema, hay más gente interesada. Los movimientos feministas están más en las ciudades y esto también hace que se sienta una distancia. Yo participo como labrega en algunas iniciativas y noto esa diferencia en las maneras, los ritmos… Hay colectivos urbanos que se están interesando más por lo rural, pero a veces todavía se menosprecia el cuidado de la tierra. No se acaba de entender que estamos produciendo de otra manera, por la soberanía alimentaria, y que lo hemos escogido nosotras.

En cierta medida, lo rural se sigue considerando un atraso, se piensa que el empoderamiento va más con que salir a trabajar fuera, como asalariadas y en el sistema capitalista. Es importante relacionar patriarcado y capitalismo. Me hace gracia como algunas mujeres que ocupan determinados cargos se ponen como ejemplo de igualdad, porque desde ahí lo que hacen muchas veces es seguir oprimiendo.

 

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