Las consecuencias de la producción de fertilizantes químicos

Mesa de la Ría y Consejo editor

Fertiberia es la empresa líder en el sector de fertilizantes español, con una producción anual de seis millones de toneladas, el 30 % de la cual va destinado al mercado exterior. Sus plantas de producción se encuentran actualmente ubicadas en Huelva, Palos de la Frontera, Puertollano, Sagunto y Avilés, siendo la primera la que lleva más tiempo y la que históricamente ha generado numerosos conflictos sociales y ambientales. Nos acercamos a observar la trayectoria de esta empresa de referencia del modelo de agricultura industrial extractivista.

 

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Vuelo de Greenpeace y Mesa de la Ría. Foto: Pepe Canto

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Vuelo de Greenpeace y Mesa de la Ría. Foto: Pepe Canto

 

En los años sesenta, el régimen franquista promovió, bajo el argumento del empleo y el desarrollo, la instalación en la Punta del Sebo de Huelva del Polo Químico, un conjunto de fábricas que provocó significativas migraciones rurales hacia la capital. La Punta del Sebo es el lugar donde confluyen los ríos Tinto y Odiel, configurando la zona de marismas que rodea la ciudad de Huelva y que el decreto franquista utilizó como ventaja competitiva, pues las empresas que allí se instalaran contarían con la «existencia de desagües de capacidad ilimitada y reducido costo de acondicionamiento».

En 1968, la empresa Fertiberia (entonces Fertilizantes Españoles S.A, perteneciente al grupo Ercros) obtuvo la concesión administrativa para el vertido de residuos y desde ese momento inició su actividad de producción de fertilizantes fosfatados con materia prima extraída del Sáhara Occidental, entonces ocupado por el Estado español. Los residuos de esta producción se conocen como fosfoyesos y se han ido vertiendo a las marismas provocando el mayor caso de contaminación industrial de Europa.

 

¿Qué son los fosfoyesos?

Se trata del residuo industrial resultante de la fabricación de ácido fosfórico por vía húmeda, para la producción, principalmente, de abonos agrícolas. El proceso se realiza mezclando el mineral (roca sedimentaria denominada «fosforita») con ácido sulfúrico. Con el posterior filtrado se obtiene, por un lado, el ácido fosfórico, y por otro, el fosfoyeso. El gran problema en Huelva es que los fosofoyesos se han estado mezclando con otro residuo tóxico, producido en sus plantas de ácido sulfúrico denominado «ácidos arsenicales o débiles», que tiene en su composición metales pesados como el arsénico, el plomo, el mercurio y el cadmio, lo que ha hecho que esa mezcla convierta a las balsas en un gigantesco reactor químico. Esto explica, como reveló en 2004 un informe del CSIC, la existencia en la ría de Huelva de elementos radiactivos como el uranio-238, uranio-235, radio-226, polonio-210 y plomo 210, además de radón 222, en concentraciones más elevadas de lo permitido por la legislación.

 

FERTIBERIA, UNA HISTORIA DE CONEXIONES CORRUPTAS

En 1991, como respuesta a la enorme presión ciudadana contra la contaminación química y como consecuencia también del hundimiento de la industria de fertilizantes en Huelva, todas las administraciones y agentes sociales firman los Acuerdos para la Recuperación de la Avenida Francisco Montenegro, ocupada por el Polo Químico. Se acordaba no instalar nuevas industrias pesadas y contaminantes al lado de la ciudad y diversificar la actividad económica con actividades que respetasen escrupulosamente la legislación ambiental y recuperar paulatinamente este espacio jalonado de balnearios y playas que desaparecieron con la implantación del Polo Químico.

Sin embargo, estos compromisos se ahogan en 1993, cuando otros acuerdos entre Marruecos, el Estado español y EE. UU. reimpulsan la industria de fertilizantes en Huelva. El entonces presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, promueve un entramado empresarial en torno al ácido sulfúrico y los fosfatos marroquíes, convirtiendo a Huelva en el estercolero de los desechos de multinacionales, entre ellas la estadounidense Freeport MacMoran, de la que el empresario y diplomático estadounidense, Henry Kissinger, es directivo.

Freeport desembarca en Huelva adquiriendo, por un lado, la fundición de cobre del polo químico onubense, llamándola Atlantic Copper y, por otro, las minas de cobre de Riotinto. El nuevo entramado se forma debido a que empresas como FESA-Fertiberia y la multinacional americana FMC-FORET, que también fabrica fertilizantes, necesitaban el ácido sulfúrico sobrante de Atlantic Copper para disolver la roca de fosfato que la empresa nacional marroquí Office Chérifien de Phosphates (OCP), cercana al rey Mohamed VI, esquilma del Sáhara Occidental para la producción de fertilizantes.

 

Puertas giratorias en Fertiberia

En 1995 Josep Piqué es presidente del grupo industrial Ercros. Su filial de fertilizantes Fesa-Enfersa (luego Fertiberia) se encuentra en suspensión de pagos y fuertemente endeudada. Aparecen algunas ofertas de compra pero es finalmente el grupo empresarial de Villar Mir quien se hace con la empresa por el precio irrisorio de 4453 €

En 1996, Josep Piqué fue nombrado ministro de Industria y Energía, cargo que ostentó durante todo el primer Gobierno de Aznar. En esos cuatro años se concentran las numerosas ayudas que este ministerio concedió a Fertiberia y que fueron determinantes para evitar su quiebra, según un informe encargado por una Comisión Mixta del Congreso de los Diputados y que concluía que «el coste real que ha supuesto para el Sector Público estas ayudas es imposible de determinar».

En enero de 2011, días después de la paralización de los vertidos de Fertiberia por orden judicial, Villar Mir es nombrado marqués «por sus servicios a España» y en 2013, este designa a Piqué Consejero Delegado de su grupo OHL.

Por otro lado, Isabel García Tejerina, actual ministra de Agricultura del Gobierno español, fue, entre 1996 y 2000, asesora ejecutiva del ministerio, y hasta 2004, secretaria general. Después, con la victoria del PSOE, regresaría al sector privado como directora de planificación estratégica de Fertiberia, donde permanecería hasta 2012. Entonces, sería llamada de nuevo al Ministerio de Agricultura para ocupar otra vez su secretaría general.

 

En 1998 Villar Mir, exministro franquista bien relacionado con las altas esferas y la casa real, media para facilitar la transferencia de las dos concesiones de la marisma para los vertidos que ya se venían produciendo años atrás de forma ilegal. Desde el año 2000, después de la rotura de las balsas, lo que no trascendió a la opinión pública nacional debido al control de los medios ejercido por los grupos de presión del polo químico, el Ministerio declara caduca la concesión por incumplimiento de la misma, iniciándose un pleito por parte de Fertiberia que duraría una década. Todo ello solo le sirvió a Fertiberia para ganar tiempo mientras las montañas de fosfoyesos crecían sobre la marisma sin que el Ministerio ejecutase su decisión.

Durante este tiempo Fertiberia subarrendó algunas zonas de la concesión ministerial a otras empresas como FORET con el beneplácito del Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Andalucía.

Finalmente en 2008 la Audiencia Nacional dicta sentencia contra Fertiberia, y tras un nuevo recurso fallido de la empresa para seguir ganando tiempo, ordena la paralización de los vertidos el 31 de diciembre de 2010, así como la limpieza y recuperación de todo el paraje.

FMC Foret cesó su actividad en 2010 al considerar inviable continuar bajo las nuevas condiciones. Sin embargo, Fertiberia, para evitar el cese de su actividad industrial, desde 2011 ya no importa roca fosfórica sino que adquiere el ácido fosfórico, producto intermedio para la producción de fertilizantes fosfatados, directamente de Marruecos, gracias a un acuerdo con la OCP marroquí. La contaminación por fosfoyesos de Fertiberia se encuentra ahora deslocalizada en Marruecos, cuya legislación permite el vertido de fosfoyesos.

EL RESULTADO PARA LA POBLACIÓN Y EL TERRITORIO

Como denuncian WWF, Greenpeace, Ecologistas en Acción y Mesa de la Ría, unos 130 millones de toneladas de residuos se acumulan sobre dominio público, lo que supone un ecocidio a escasos 500 metros de la ciudad de Huelva y la ruina de unas marismas que, según la Constitución española, hay que proteger. Además de un tremendo impacto visual, suponen un foco de contaminación que repercute en el entorno, en las aguas continentales, en la cadena trófica y en la salud de la ciudadanía.

La instalación del polo químico ha alterado también los hábitos de vida de la población de la ría y de Huelva. Se ha perdido el uso público de la playa Gilda en Huelva y el paseo marítimo, el tren que accedía a la punta del Sebo, los balnearios y la zona de esparcimiento de la ciudad que suponía antaño la Punta del Sebo también han desaparecido. Actividades tradicionales como la pesca y el marisqueo están prohibidas como consecuencia de los altísimos niveles de metales pesados, organoclorados y otros compuestos detectados en suelo y aguas. A ello se suma la amenaza sobre las marismas del río Odiel, al otro lado de la ciudad, que cuentan con importantes colonias de aves y fueron declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO. También el Parque Nacional de Doñana, que recibe las aguas y arenas que drenan los ríos Tinto y Odiel, por influencia de las corrientes marinas, está seriamente amenazado por estos vertidos.

 

El mal aprovechamiento de los fosfoyesos

Además de la contaminación de las aguas y las tierras, una práctica que al menos hasta el 2009 se denunciaba, era el uso de fosfoyesos para supuestamente fertilizar la tierra en el entorno de Doñana. Según los agricultores de la zona, el uso de fosfoyesos se vino haciendo en la proporción de 10 toneladas por hectárea al año, para mejorar la productividad de la tierra. Es evidente, que el continuo uso de fosfoyesos, que en Huelva habían sido mezclados con sustancias tóxicas y radiactivas, podía afectar a los productos cultivados así como a las aguas superficiales y subterráneas del entorno.

Así pues, la elevación de estas montañas de residuos blancos ha modificado la relación territorial, paisajista y visual entre la ciudad de Huelva y los municipios del entorno que se ubican al otro lado del río Tinto, como los lugares Colombinos, Palos de la Frontera y Moguer. Además, su subsidencia y hundimiento están modificando el cauce del propio río Tinto, pues los enormes asientos y presiones del terreno bajo las balsas están provocando, a su vez, enormes movimientos, desplazamientos y ascensiones de un gran volumen de fango en la zona más débil, el cauce de un río, que antaño era navegable, desde Palos, San Juan del Puerto y hasta Lucena del Puerto, de ahí la referencia portuaria de sus nombres.

Desde el punto de vista de la salud, ya un estudio del CSIC encargado por el Congreso de los Diputados en 1999 determinaba que Huelva tenía el mayor índice de mortalidad por cáncer del Estado español. Estas cifras se mantienen vigentes pues como ha dictaminado el estudio realizado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, que maneja datos de un millón de muertes en el período 1989-2008, Huelva se sitúa hasta más de un 13 % por encima de la media nacional en mortalidad por algunos tipos de cáncer.

 

LA MOVILIZACIÓN SOCIAL SIGUE SIENDO NECESARIA

En estos momentos, con la montaña de fosfoyesos sobre las marismas, el debate se centra en el cumplimiento por parte de Fertiberia de las múltiples sentencias de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo que le obligan a restaurar medioambientalmente la zona, lo que para Mesa de la Ría, WWF, Greenpeace, Ecologistas en Acción y los miles de ciudadanos y ciudadanas que ya se han manifestado por ello, supone devolver las marismas a su estado original.

Después de muchos retrasos, la pasada primavera Fertiberia presentó su propuesta de recuperación ambiental. Lejos de lo esperado –la retirada inmediata de los residuos, como se está haciendo en otros lugares– la propuesta de la empresa plantea el soterramiento de los residuos. Una medida inaceptable que pretende ocultar los vertidos bajo una fina capa de tierra. Pero aquí las puertas giratorias ya han vuelto a funcionar y el ministerio que dirige la exdirectiva Sra. Tejerina, después de evaluar la propuesta, ya ha adelantado en el procedimiento de ejecución de la sentencia de la Audiencia Nacional que la considera adecuada.

Frente a esta situación, Mesa de la Ría, junto a 33 movimientos sociales y ecologistas, siguen ejerciendo medidas de presión sobre las administraciones que tienen competencias y desarrollando muchas actividades de sensibilización a la población y también, junto a WWF, se encuentra personada en el procedimiento de ejecución de la sentencia contra Fertiberia.

 

  PARA SABER MÁS

   Mesa de la Ría: «Manifiesto contra los fosfoyesos»

   Documental sobre el problema medioambiental y de salud en la ciudad de Huelva: Un lugar diferente

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